Prácticas con arnés…

Prácticas con arnés, sodomización

Una práctica recurrente es la sodomización con arnés. La totalidad de mis sumisos no son bisexuales, se consideran firmemente heteros y están convencidos de ello pero me suplican que mi dominio se base en someterlos siendo enculados por dildos de mayor o menor tamaño, eso queda claro antes de empezar porque luego no hay vuelta atrás.

Preparo al sumiso, le excito con vibradores, juego con él, con sus pezones, pene, testículos… intento llevarle a lo más alto para empezar con su fantasía. Después un rato de preparación, dilato su ano, primero introduzco mis dedos, uno, dos… los retiro y sigo dilatando con algún pequeño consolador que les obligo a aguantar mientras me coloco el arnés. Una vez preparada, vuelvo a jugar con su sexo, les pongo en posición y les introduzco suavemente el dildo, lentamente, poco a poco, la velocidad e intensidad me la marcan sin darse cuenta, sigo ese ritmo hasta que pierden la voluntad y nadie más que yo puede dirigir, dominar, yo marco y envisto con la fuerza adecuada para cada sumiso. Todo acaba, de nuevo y como casi en todas las ocasiones con la súplica para eyacular “permiso mi Domina” o “servicio Señora” que según haya ido la sesión, según el comportamiento, según el tiempo transcurrido y según me sienta, concedo o no.

Sesión prácticas con arnés, Domina Ishtar

¡Vaya castigo! Ven y ponte a cuatro patas, sí como un perro, un cariñoso y agradecido perro que adora a su Ama, que agradece su presencia y sus cuidados, que reclama sus caricias mirando temeroso pero fijamente a los ojos de ella, quien le castiga cuando lo merece o desea, de quien le da placer y dolor, quien le mima también cuando no lo espera… Leo en tu mirada que ardes en deseos de sentirme dentro de ti, dominándote con mi arnés, ese que coloco de forma sensual encima de mi sexo, amarrado fuertemente a mi cintura, ese que observas atentamente mientras me coloco los guantes de látex, ese que acaricio y al que te ordeno ponerle un preservativo, ese que embadurno de lubricante para no producirte desgarros y que entre de forma suave mientras tu ano se dilata. ¡Ponte a cuatro patas! Entro suavemente al principio pero tus movimientos de perro excitado me hace aumentar el ritmo y hacerte gemir de placer y dolor. Te exijo que gimas como perro en celo, que te muevas como una puta que quiere contentar a su cliente, mientras me quedo quieta y eres tú quien se lo introduce, quien se acerca a mi miembro suplicando que se pierda dentro.  No puedes pedir, no puedes esperar que yo vaya a tu ritmo sino tú al mío hasta que diga ¡basta!. Ahora quédate quieto, callado, no debes demostrarme placer, no puedes gemir ni gritar, no debes hacerlo. Tengo a un muñeco inerte que gime y grita por dentro, que sólo espera y recibe gratamente todos mis envistes, que no demuestra nada de lo que siente e intenta no sentir para que ningún sonido se escape de tu boca puesto que así te lo he ordenado… bien mi fiel amigo, te portaste bien y tendrás tu recompensa. Quiero que agarres tu miembro y te masturbes mientras yo sigo detrás de ti,  pero recuerda, no quiero oír ni un simple sonido, sólo quiero tu súplica, cuando llegue el momento, pidiendo permiso para correrte y de nuevo silencio mientras esperas mi respuesta, esa que siempre es incierta, esa que quizá no sea la que esperas pero que deberás aceptar. Sí, tienes mi permiso, pero recuerda bien que no quiero oírte, no quiero ni una mancha o deberás limpiarla con tu lengua. Y ahora… agradécele a tu Domina la sesión y podrás irte.